miércoles, 28 de noviembre de 2018

DESCUBRIMIENTO DE MACHU PICCHU

Hace 100 años, en Perú, un tipo alto que era profesor de historia de la Universidad de Yale abandonó su campamento en un valle al noroeste de Cusco, y atravesó la selva entre las nubes hasta llegar a una cordillera a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar. Allí, sobre el atronador río Urubamba, encontró una antigua ciudadela de piedra: terrazas esculpidas y tumbas, edificios de granito y paredes pulidas cubiertas por siglos de viñas y vegetación.
Hiram Bingham se había encontrado con el lugar inca de Machu Picchu, que él creía era la “ciudad perdida de los incas”. “Machu Picchu podrían ser las ruinas más importantes jamás descubiertas en América del Sur desde los tiempos de la conquista española”, escribió en un número de National Geographic de 1913.Pero sus palabras llevaban a engaño. Bingham no había “descubierto” Machu Picchu. Tampoco estaba “perdido”, Puede que él alertara de su existencia al mundo académico occidental, ya que no había menciones a él en las crónicas de los invasores españoles, pero los pueblos indígenas de la zona tenían que conocer su existencia. Y sin embargo Christopher Heaney, investigador en la Universidad de Texas y autor de un libro sobre Hiram Bingham, asegura que el historiador se quedó asombrado al descubrir a una familia indígena que vivía cerca de la ciudadela. “Cuando escaló la montaña se sorprendió al encontrar a una familia indígena en lo alto”, dijo. Lo que resulta difícil de entender es la propia sorpresa de Bingham.


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